Cómo gestionar las peleas entre hermanos

Educación

15/06/2018


hermano y hermana pelean

Como todos los hermanos, yo tenía mis peleas de pequeño, y la verdad es que las recuerdo hasta con cariño (qué puñetazos, qué mordiscos…); claro, que yo era el mayor, a lo mejor si le preguntamos a ella la respuesta es distinta. El caso es que los conflictos entre hermanos son lógicos y comprensibles, pero si los resolvemos de forma no violenta, mejor.

¿Por qué se pelean los hermanos? Por todo y por nada, hay quien dice. Otros buscan respuestas un poco más sesudas y aluden a rivalidad, celos, búsqueda de la atención paternal, marcado de límites de personalidad y de propiedad entre ellos… En fin, seguramente haya tantas causas como parejas de hermanos (o tríos; o más…), unas triviales y otras profundas. Conocerlas es fundamental para resolver los conflictos.

Es lógico que el proceso de socialización entre hermanos no sea un camino de rosas, como no lo es ninguna relación humana duradera (ni siquiera las familiares, ¿o es mejor decir sobre todo las familiares?). Los hermanos tienen que conocerse mientras aprenden a quererse, y a veces surgen conflictos. Que la sangre no llegue al río ya es donde más podemos aportar como padres.

Los padres han de ser ecuánimes mediadores

¿Qué podemos hacer como padres ante una de estas peleas y cómo podemos evitarlas en la medida de lo posible? He aquí cuatro ideas elementales:

  • ¿Intervenir? Aunque hay dos escuelas, la intervencionista y la “déjalos que se maten”, hay que parar cualquier pelea si alguno de los niños puede sufrir algún daño físico importante (los daños morales son más difíciles de parar…)
  • Tratar a los hijos por igual, que no es lo mismo que no intervenir. Es importante que no haya preferencias por parte de los padres hacia ninguno de los hijos, ni siquiera hacia el más débil, ni cargar las tintas contra el que ha comenzado la bronca.
  • Escuchar atentamente las razones de ambas partes, analizarlas serenamente y ayudar a cada parte a comprender a la parte contraria. Si hay que dar la razón a uno de ellos, hacerlo intentando que el otro no se sienta herido (ni que el “vencedor” se regodee).
  • Evitar comparar los caracteres, las actitudes y las habilidades de nuestros hijos. Cada uno es distinto, y en nada favorecen esas odiosas comparaciones a las buenas relaciones entre hermanos.

hermanos peleando

La calma después de la tempestad, el mejor momento para actuar

Vale, ha habido bronca. Como ya nos hemos quedado un poco más tranquilos, es el momento de hablar las cosas civilizadamente. Probablemente no salga de ellos hacerlo (aunque sorpresas te da la vida), así que puedes crear una mesa de negociaciones como si fueses un mediador de conflictos profesional. Cada uno manifiesta cómo ha vivido la pelea y sus sentimientos al respecto, y se proponen ideas para que no vuelva a ocurrir. Tu tarea, mantener los ánimos calmados

También es una buena idea que cada hermano pueda tener su propio espacio. No sólo en un sentido físico, que también (sobre todo cuando van siendo más mayorcitos, desde los 10 ó 12 años), sino en cuanto a juguetes, amigos, momentos del día con los padres o en soledad… Aparte de surgir menos conflictos, se valora más y mejor la compañía fraterna.

¿No hablarse es peor que pelearse? Pudiera ser; la fría indiferencia entre hermanos denota una falta de interés mutua nada saludable entre miembros de una misma familia. Puede ser una cuestión coyuntural porque uno de ambos esté pasando una época especialmente complicada (normalmente la adolescencia), pero en todo caso conviene promover la interrelación entre ellos, promoviendo conversaciones o haciendo actividades juntos.

En definitiva, las peles entre hermanos no son para alarmarse, siempre y cuando no desemboquen en batallas campales o llevan a un notable y duradero enfriamiento de su relación. Un hermano es uno de los mayores tesoros que nos puede regalar la vida, o nuestros padres, así que hagamos lo posible por ayudar a nuestros hijos a conservarlo hasta la edad adulta.

 

Fuentes:

Mis hijos se pelean mucho ¿qué puedo hacer? | De mamas y papas 

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