Cuadrar el círculo: niños gentiles en un mundo imbécil

Crianza

03/01/2019


mano de niño señalando globo terrestre

Criamos a nuestros hijos dándolo todo. No aspiramos a criar superhombres y supermujeres, pero sí personas equilibradas, con grandes dotes emocionales e intelectuales, con espíritu crítico, buenas dosis de autonomía y facilidad para ser felices. Debe ser que al ser padre o madre se nos resetea de alguna forma el cerebro. O es que, simplemente, no queremos mirar a nuestro alrededor.

Es de suponer que todo el mundo quiere que sus hijos sean, si no felices, al menos capaces de serlo. Lo tengo constatado, al menos con la generación anterior, a quienes también preocupaba mucho dar una buena educación a sus hijos (para la anterior la prioridad era que comieran a diario), pero que tenían esa felicidad como el objetivo de última instancia.

¿Somos tan lelos como para creer que nosotros sabemos educar a la prole mucho mejor que nuestros antepasados? A lo mejor aquí no estamos de acuerdo. A lo mejor creemos que los medios son mejores, que estamos más y mejor educados, que la acumulación del esfuerzo de varias generaciones nos ha colocado en una posición idónea para ello.

La utopía de la crianza correcta

Yo creo que no. De nuevo, basta con mirar alrededor. Me parece que los padres siempre tienen las mejores intenciones, pero este mundo no tiene pinta de ser un buen resultado de los esfuerzos de varias generaciones por criar hijos mejores. El mundo que nos rodea (y del que somos parte) se empeña en desmentirnos y en sabotear nuestra esmerada crianza.

Al fin y al cabo, el mundo que nos rodea, nos condiciona y nos hace ser lo que somos es una porquería, que decía Gardel. ¿Significa eso que más vale no pasarnos de listos, resignarnos y criar a los hijos como siempre se ha hecho, seguir la corriente y que sea lo que Dios quiera? ¿O merece la pena esforzarse por criar niños mejores, que sean, pero no lo parezcan, de este mundo?

Buen dilema. La razón pura y su primo más vivido, el sentido común, nos dicen que si no lo han conseguido incontables generaciones antes que nosotros (lo de criar seres humanos que valgan la pena, me refiero), a qué ponernos estupendos con la crianza natural y demás zarandajas. Total, va a dar igual; la siguiente generación tendrá nuestros mismos y abundantes defectos, defecto arriba o abajo.

La razón pura y el sentido común son, cuando coinciden, insoportables. No hay quien los aguante. Así que se les puede dar la razón como a los locos, pero podemos pensar otra cosa. Si estamos diciendo que da igual lo que hagan los padres… Pues dejadnos hacer lo que nos de la real gana. Si nos da la gana escornarnos para llegar a resultados mediocres, allá nosotros, ¿no?

árbol de navidad, familia de fondo

Sí, otra crianza es posible, pero disimula

Así que aquí estamos, tratando de hacerlo lo mejor posible respecto a lo que nuestra conciencia nos dicta, dándonos de cabeza con un mundo que nos dice todo lo contrario. Estudia, hijo mío, llegarás a algo; aunque si trepas, engañas y te afilias al partido, seguramente te vaya mejor, deberíamos añadir.

Ser bueno sin parecer un pardillo, he ahí el verdadero equilibrio entre la buena crianza y la adaptación al mediocre mundo que nos rodea. Así tiene todo el sentido mezclar la crianza en valores con el estímulo de rasgos como la resiliencia, la asertividad, la autonomía y demás formas de decir “aguanta los golpes de la vida”, “demuestra tu carácter” y “más vale que te valgas por ti mismo”.

¿Conseguiremos nuestro objetivo? ¿Nuestros hijos serán más felices? ¿Cambiarán el mundo para mejor, a menos un poquito? No, no y mil veces no. O eso creo yo, que a lo mejor me equivoco. Pero bueno, que no se diga que no lo hemos intentado. Total, puestos a ello, mejor hacerlo bien (o lo que cada uno cree bien) que mal, aunque cueste un poco más. Y quizás hasta me lleve una sorpresa…

Estoy oyendo un disco estupendo que hacía años que no escuchaba y que demuestra que en este planeta de medio pelo que nos ha tocado reventar, así como sus más mezquinos pobladores (que somos nosotros) también hay y tenemos cosas buenas. Creo que eso hay que intentar no perdérselo.

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