Los padres versus la escuela: lo que NO hay que hacer

Educación

09/10/2018


niña escribiendo

No podemos evitarlo, estamos todos preocupadísimos por el rendimiento escolar de nuestros hijos. Por un lado, es lógico; por el otro, claramente caricaturesco. He visto padres estudiando para mejorar (porque hechos ya estaban) los deberes de su hijo, o poniendo el despertador a horas infames para repasar antes de un examen.

¿Podemos estar haciéndoles la pascua a nuestros hijos con nuestra atención excesiva a su rendimiento en la escuela? Junto a la sobreprotección y la ausencia de límites, es uno de los tres principales rasgos negativos de los padres de hoy en día. Conviene darse cuenta de estos errores que todos cometemos en mayor o menor medida y que pueden ser contraproducentes.

Hay varios temas principales, y la mayoría tienen que ver con nuestra relación con la escuela. Sin ser unos defensores a ultranza del sistema educativo (ni siquiera de la escolarización obligatoria), hay cosas que pertenecen al ámbito escolar y no deberíamos entrometernos. La teoría nos la sabemos bien, pero a la hora de la verdad todos terminamos culpando a algún profe de los malos resultados de nuestros hijos o menospreciándolos ante ellos.

Necesitamos poner un límite a nuestras intromisiones en el proceso educativo

Así, hablar con nuestros hijos de sus clases, poner en práctica en la vida cotidiana lo que van aprendiendo o recurrir a profesores particulares o actividades de refuerzo (una app de repaso en primaria, por ejemplo) es perfectamente legítimo y aconsejable. Dar la paliza día y noche a niños y profes (y a otros padres) como una especie de inspector escolar desquiciado, no.

Esto no es porque sí. Los niños necesitan, aparte de nuestro apoyo y ciertos medios que debemos ofrecerles (que no son tantos como imaginamos, basta un sitio tranquilo y bien iluminado) cierta autonomía para poder aprender por sí mismos, sin una persona vigilando y guiando cada paso. Sólo así sabrán cómo gestionar su tiempo y las consecuencias de no trabajar de forma constante y responsable por sí mismos.

Seguir los más mínimos pasos escolares de nuestros hijos, saberse su calendario de exámenes, revisar e intentar mejorar sus deberes, ir a hablar con el profesor a la primera de cambio y desconfiar de su criterio profesional… Todo esto hace pensar al niño que, o bien no es capaz de hacerlo por sí mismo, o bien alguien lo puede hacer por él: papá y/o mamá.

Otro de los defectos habituales de todo padre es pensar que su hijo es una eminencia, o que tiene que serlo. Bueno, el problema viene en este caso de las altas expectativas y exigencias que vienen aparejadas. Puede desmotivar a los hijos, que no las alcanzan nunca. Ya decía una amiga que un padre puede asumir que su hijo sea feo, pero que sea tonto, eso nunca.

niño en la escuela

Hay vida más allá de la escuela y las notas

Anteponer las notas a cualquier otra cosa de la vida es otro síntoma poco saludable de nuestra obsesión académica. Los niños, antes que estudiantes, son personas. ¿Qué tal si tu hijo te valorara por tu trabajo? Además, los resultados no han de ser nunca motivo de premio o castigo; en todo caso, una ocasión para acompañarlos en sus aproximaciones a la frustración y la perseverancia.

Tampoco deberíamos recurrir por sistema a la búsqueda de trastornos neurológicos o de aprendizaje si nuestro hijo encadena tres suspensos. Puede haber otras razones por las que a nuestro hijo no le va bien en la escuela que no son ni la manía del profe, ni un TDAH ni el bullying. A lo mejor es que es un vago redomado acostumbrado a que sus padres le hagan las tareas…

Ah, nota para principiantes (porque los demás ya no llegamos): podéis rehuir eso de la estimulación temprana como la peste. Vale ya. No hay prisa ni por ir a la escuela, ni por aprender a leer ni nada, que esto no es una carrera. Ponle a Mozart en la barriga de mamá o háblale en ruso en la cuna si quieres, pero con la educación y el aprendizaje, paciencia.

FUENTES:

http://www.lavanguardia.com/estilos-de-vida/20130927/54388049724/escuela-los-12-errores-de-los-padres.html

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