¿Proteges o sobreproteges a tus hijos?

Crianza

31/01/2018


madre e hija abrazo

Si de bebé no llega al sonajero, se lo acercamos. Si con dos años se cae, lo levantamos. Si con cinco años otro niño se porta mal con él, intervenimos. Si con nueve años no recoge su cuarto, lo hacemos nosotros. Si con doce años no hace sus deberes, se los hacemos. Si con treinta tienes que darle la merienda, no te sorprendas…

No pasaría nada por proteger a nuestros hijos todo lo posible, de no ser por las repercusiones que pueda tener en su formación como adultos autónomos y responsables. Los niños demasiado protegidos suelen mostrar poca capacidad para enfrentar situaciones de estrés y poca tolerancia ante la frustración, lo que lleva a una mayor inseguridad y menor capacidad de gestión de los problemas.

Por el contrario, una mayor independencia desde pequeños tiene la gran virtud, a pesar de los seguros reveses que se encontrarán (y precisamente por ello), de hacer de los niños individuos con mayor capacidad para tomar decisiones, para medir esas decisiones antes de tomarlas y para asumir sus consecuencias con posterioridad. Eso que tan poco vemos en los niños de entre veinte y sesenta años.

 

¿Cómo sé si estoy sobreprotegiendo a mi hijo?

Claro que no es sencillo saber cuándo nos estamos pasando de sobreprotectores. Por eso hemos reunido algunas pistas para que puedas comprobar si estás cayendo en la sobreprotección de los niños. Un poco es normal y sano, pero atención si estás todo el día con esto:

  • Intentar ahorrar a tus hijos cualquier situación desagradable o que suponga un desafío, por cotidiana que resulte (atarse los zapatos, solventar un conflicto con otro niño de su edad), incluso si sabe y puede hacerlo.
  • Ignorar, ocultar o justificar los errores y defectos de tus hijos de forma continua y a toda costa.
  • Dificultar que satisfagan su curiosidad por sí mismos (no permitir que juegue con la arena porque se ensucia o que se quede en casa de amigos).
  • Satisfacer sin criterio de limitación y de forma instantánea todas sus demandas, excepto las de autonomía e independencia.
  • Ser agorero (el clásico “no te subas ahí que te puedes caer”) y listillo (otro clásico, “te dije que te ibas a caer”).
  • Sentirse responsable de todo lo que le ocurre a tus hijos.

 

madre bocadillo

¿Qué hago para dejar de sobreprotegerlo?

La teoría es muy sencilla: mantente a su lado, no por delante ni encima; enséñale a hacer las cosas y no las hagas por él; dale apoyo cuando lo pida y acompáñale en los momentos difíciles, pero no le soluciones la papeleta. En la práctica… Veamos algunos casos sobre qué hacer (o no hacer):

  • ¡Deja de llamarlo a todas horas! Si existiera la figura jurídica del acoso paternal, más de uno y más de dos iban a tener una orden de alejamiento de sus hijos.
  • No vayas a “llorarle” al profesor de turno que no ha calificado a tu hijo como él y tú consideráis que se merece. Ya es triste que lo haga el niño, con que más el padre o la madre.
  • Hablando de eso, evita el abuso del “nos”. Está bien estar unidos, pero si aprueba o suspende, por ejemplo, es él quien lo hace, no toda la familia. Evita proyectarte de esa forma.
  • Dale su espacio y su tiempo, sean pequeños (su habitación, unas horas al día) o de más envergadura (un campamento de verano).
  • Ayúdales a socializar con otras personas, dentro y fuera de la familia, para que desarrollen sus competencias sociales.
  • Trátalo como un adulto. Sin pasarte, claro, pero en cuestiones de autonomía e independencia más vale pecar de “adultizar” que de “infantilizar” a nuestros hijos.

 

Por supuesto, esto no consiste en ser negligentes en la crianza de nuestros hijos, sino en afinar la dosis de desatención para obtener la receta perfecta. Receta que, claro, nosotros no podemos darte. Primero porque no la tenemos. Y segundo, porque cada niño y sus circunstancias son un mundo diferente que exigirá una receta a medida y que habrá que ir variando con el tiempo.

 

Fuentes: 

Stop doing everything for your kids | Parent.com

 

 

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