Slow parenting, o el arte de criar con calma

Crianza

01/11/2018


tortuga mirando a cámara

No se trata de llevar a los niños al cole al ritmo de Luis Fonsi, ni de practicar con ellos ningún nuevo deporte de riesgo. La traducción directa del término slow parenting a la lengua de Cervantes sería “paternidad lenta”. En este post os presentamos el concepto y os ofrecemos algunas ideas para ponerlo en práctica.

Una preocupación constante por estimular a nuestros hijos, carreras para llevarlos a las actividades extraescolares y altas dosis de presión y frustración para padres e hijos… ¿Te suena? Algunos de nuestros principios en la crianza (la estimulación temprana o la hiperpaternidad, por mencionar un par) pueden hacernos más mal que bien, a pesar de las buenas intenciones. El slow parenting nos ofrece una visión alternativa de la crianza.

Si hubiera que dar una definición del slow parenting podríamos decir que es un estilo de crianza simplificado, tranquilo y consciente. Parte de tres ideas básicas:

  • respetar los ritmos naturales del niño
  • reducir o eliminar las metas en su educación, tanto sociales como académicas
  • limitar el control que los padres ejercemos en su desarrollo

Keep calm and… ya está

En nuestro blog ya tocamos una vez el tema de refilón refiriéndonos al tema de la paciencia, pero parece buena idea hablar de ello más en profundidad. Partimos de la idea de que hay algunas cosas que hacemos habitualmente con nuestros hijos que nos parecen estupendas, pero que a lo mejor no lo son tanto; es más, pueden ser contraproducentes.

En nuestra sociedad criamos a los hijos como si todos participáramos en una especie de alocada carrera hacia ninguna parte. Queremos que sean maduros a los cinco años, que dominen tres idiomas a los diez y que sean felices, sí o sí, a los quince. Por no hablar del escrutinio a los que los sometemos casi constantemente.

Así que procuramos leernos todo lo que cae en nuestras manos sobre crianza, estimularlos desde antes de nacer, apuntarlos a todo tipo de actividades, vigilar y dirigir los más mínimos detalles de su existencia, fomentar su competitividad y hacerlos crecer lo antes posible. Los (y nos) comparamos con cómo creemos que deberían (y deberíamos) ser; metas inalcanzables que suelen conducirlos (y conducirnos) a la frustración y el distanciamiento.

Quizás es una visión algo catastrofista del estilo de crianza de nuestra generación, lo reconozco. Pero seguro que estamos de acuerdo en que hay cosas que pueden mejorarse para, precisamente, criar unos niños más felices. Es posible que la clave esté en “aflojar un punto”, que diría un colega canario. De eso se trata cuando hablamos de slow parenting.

señal para disminuir velocidad en inglés

Ralentizar nuestro ritmo de vida y el de nuestros hijos

En su decálogo, el Slow Parenting Movement ofrece ideas tan interesantes como observar más y mejor a nuestros hijos para conocerlos mejor, que todo el trabajo de un niño consiste en jugar y que la creatividad nace del aburrimiento. Colocan el amor incondicional como base de la crianza, minusvaloran los logros y confían en dar tiempo y espacio a los niños para su autodesarrollo.

Como habrás imaginado, son los mismos que preconizan lo de la slow food y demás prácticas afines para ralentizar nuestro ritmo de vida. Si estás visualizando una manada de hippies al estilo de los padres de Ned Flanders, te equivocas; uno de sus gurúes es Jean Alice Rowcliffe, que fue cuidadora para la familia real británica (poco sospechosos de comer flores o tocar la flauta). Valoran los límites, la familia y el poder del “no”.

Así, resumiendo mucho, se trataría de:

  • aminorar nuestras expectativas y exigencias, acompañando la forma de ser y crecer de nuestros hijos
  • garantizarles un tiempo libre y tranquilo, sin actividades extraescolares ni estímulos digitales
  • aumentar el contacto con la familia y con la naturaleza

Decía Lennon que la vida es lo que pasa mientras hacemos planes, o algo parecido, y creo que esta vez el amigo tenía razón. Que no te pase. Da un paso atrás, respira hondo y tira de sentido común; la existencia de tu hijo no perderá su sentido por no estudiar robótica desde los ocho años… A lo mejor os apetece más a los dos pasar ese rato dándole de comer a los patos del parque.

FUENTES:

https://elpais.com/elpais/2018/05/14/mamas_papas/1526288753_349723.html

https://slowparentingmovement.wordpress.com/welcome-to-slow-parenting/

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