Educación

¿Sabes cómo gestionar una rabieta?

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    Cuando tu hijo/a tiene una rabieta piensas que lo hace…

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    ¿Has cedido alguna vez ante una rabieta de tu hijo/a?

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  • Resultados Test: ¿Sabes cómo gestionar una rabieta?

    Madre e hijo felices

    Las conclusiones de nuestros docentes son:

    ¡Necesitas hacer un cambio! Criar y educar a un niño/a no es fácil y las rabietas son de las situaciones más difíciles ya que por unos momentos, la persona que más quieres del mundo se convierte en el ser más inaguantable e insoportable. Es normal perder la paciencia y los nervios, no te culpes por ello. La buena noticia es que no será siempre así y nuestras tips te ayudarán a llevarlo mucho mejor.


    Dado que en esta relación, tú eres el adulto/a te tocará dar el primer paso para mejorarla. Una forma de conseguirlo es intentar no usar la palabra “no” tan frecuentemente y comunicarnos con nuestro hijo de forma más positiva. Negarles que hagan algo todo el rato o forzarles a hacer cosas que no quieren, propicia las rabietas. Está claro que hay que ponerles límites pero podemos hacerlo cambiando el modo de comunicárselo.

     

    hijos y rabietas

    Un ejemplo podría ser si nuestro hijo monta un berrinche porque quiere tirarse de cabeza por el tobogán, en vez de utilizar el ¡Así ni hablar! o ¡De eso nada! podemos acercarnos y decirle: “Tirarse de esa forma es muy peligroso, puedes hacerte mucho daño. Me gustaría que lo pienses un momento y si quieres intentarlo de todas formas, tendré que sujetarte para asegurarme que no te caes mientras bajas ¿De acuerdo?”

     

    Mantener la calma y no ponerse a gritar o regañar al niño requiere de mucha paciencia y autocontrol, pero hemos de conseguirlo ya que hacerlo solo empeora la situación y lo que es aun peor, la relación con nuestro hijo. En esos momentos, recuerda que tu hijo no es un tirano, y no lo está haciendo para retarte o molestarte. Lo hace porque no sabe cómo gestionar la frustración y no entiende por qué se siente así. Ponte en su lugar, ¿cómo te gustaría que te trataran? Conecta con él, hazle saber que te importa y estás ahí para ayudarle. Si no quiere contacto en ese momento respétalo y dale tiempo para que se calme. Una vez haya pasado la tormenta, es el momento para hablar sobre lo que ha ocurrido.

     

    Si vemos que las rabietas se nos van de las manos y que cada vez nos cuesta más conectar con nuestro hijo/a podemos recurrir a una herramienta infalible: el  juego. Dedicar unos momentos a jugar con nuestro hijo y hacerle reír a carcajadas puede hacer maravillas en vuestra relación y ayudaros a reconectar de nuevo. Además, os ayudará a ambos a descargar tensiones y liberar adrenalina acumulada, lo cual ayudará a reducir la intensidad y número de rabietas.


     

    Recuerda que tu hijo no sabe calmarse solo y necesita tu ayuda para conseguirlo.

    Niño y pollito

    Las conclusiones de nuestros docentes son:

    ¡No está mal, aunque se puede mejorar! Saber que las rabietas de tu hijo no son algo que hace para molestarte o sacarte de tus casillas sino una manifestación de la frustración que siente y no sabe controlar, es lo más importante para poder empezar a gestionarlas correctamente. Tu hijo necesita tu ayuda en esos momentos, no lo olvides.

     

    conoces a tu hijo mejor que nadie, y seguro que has notado que hay situaciones en las que “se huele a rabieta” como por ejemplo cuando están muy cansados, o tienen hambre. Su humor va cambiando y su tolerancia al estrés que sienten les lleva a explotar en forma de rabieta. Anticiparse a estas situaciones puede ayudarnos a evitarlas. Si vamos a estar la tarde fuera, podemos llevar algo de comida en el bolso y ofrecérsela antes de que se desencadene la rabieta o si sabemos que si pasamos cerca del parque querrá quedarse y no tenemos tiempo, podemos simplemente dar un rodeo y evitar que lo vea.

     

    madres e hijos

    Otra forma de anticiparnos es prestar atención a sus cambios de humor, sobre todo si es un niño reservado que le cuesta expresar sus sentimientos. Si notamos que está más callado de lo normal o que hace unos minutos estaba bien y ahora no, podemos preguntarle si le sucede algo e intentar conectar con él. No acumular frustraciones, le ayudará a controlar mejor sus sentimientos y evitar que se desborden en forma de rabieta. 

     

    Repetir en tu mente que “todo pasará” cuando ocurre una rabieta o “estas situaciones no van a durar siempre” puede ayudarte a conseguir mantener el control y no desviar tu atención a cosas como si hay gente mirando y juzgando lo blanda, dura o mala madre/padre que eres. Lo hagas como lo hagas siempre habrá alguien que discrepe. Lo más importante es que no te culpes a tí misma y si esta vez no lo has logrado, quizás la próxima salga un poquito mejor.

     


    Recuerda que con un poco de anticipación, puedes evitar muchas de las rabietas.

    Madre e hijo en sofa

    Las conclusiones de nuestros docentes son:

    ¡Felicidades, lo estás haciendo muy bien! Sea cual sea el motivo por el que se desencadene una rabieta, nuestro objetivo debe ser ayudar a nuestro hijo a entender qué le sucede y darle herramientas para gestionarlo. Un ejemplo que las desencadena a menudo es cuando no quieren compartir algo con otros niños, les obligamos y se enfadan.

     

    Si lo pensamos, compartir no es fácil y dentro del niño ocurre una lucha entre lo mucho que quiere ese objeto y la imposición de dárselo a otro niño.

     

    niño felizPrimero hemos de empatizar con lo que siente: “Se que te gusta mucho la pelota y estás deseando jugar con ella”, luego explicarle la situación para que la entienda “¿Cómo te sentirías si no tuvieras un juguete para jugar? ¿Te gustaría que lo compartieran contigo? y luego ayudarle dándole herramientas para solucionarlo ¿qué tal si hacemos turnos de 5 minutos y así los dos podéis jugar con ella? o ¿qué tal si jugáis juntos? Fuera del momento de compartir, puedes explicarle que si cuando se presente esa situación, no sabe cómo resolverla, puede pedirte ayuda a ti o algún adulto que esté cerca.


    A veces, la causa de las rabietas de nuestro hijo tiene su origen en nuestro propio comportamiento. Si por ejemplo nos anticipamos constantemente a las necesidades de nuestro hijo y le damos sin más todo lo que quiere, fomentaremos que en cuanto no tenga lo que desea, se desencadene una rabieta. También puede ocurrir cuando de repente, por motivos como la llegada de un hermanito u otras situaciones, les prestamos menos atención de la que están habituados. En estos casos, además de explicarles la situación, hemos de hacer un esfuerzo para dedicarles unos minutos y conectar con ellos cada día, interesarnos por su día y hacerles preguntas para averiguar cómo se sienten. Tan solo haciendo esto, le ayudaremos a aliviar gran parte de su frustración.

     

    Recuerda que tu hijo necesita que le ayudes a entender lo que siente.

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